h1

DO – Las 8 trampas de la ilusión

DO – LAS 8 TRAMPAS DE LA ILUSION

Por Henry Plee – 9° Dan de Karate, 5° dan de Judo, 3° dan de Aikido, 1° Dan de Kendo

 

2: El Síndrome del “Discípulo”

 

Se puede hablar para esta segunda trampa del síndrome de la admiración desmesurada.

Concierne a la admiración, la abnegación fanática y la creencia ciega suscitada por un Maestro o una Doctrina.

Este síndrome priva al discípulo de todo discernimiento y abolece todas las capacidades de razonamiento objetivo del que hubiera podido estar dotado.

Todas las emociones están centradas en el Maestro (y su Doctrina) que toma a los ojos de su discípulo el tamaño de un Dios.

El Maestro no puede fallar, no puede mentir, no puede mitificar. En Arte Marcial se torna superman, puede afrontar a diez agresores sanguinarios, es capaz de poderes supranormales, etc.

Al leer estas líneas se piensa inmediatamente en los excesos de los “integristas” o “fundamentalistas” de ciertas religiones monoteístas, en los cismas, en las guerras de religiones, en la inquisición, etc. Se piensa también en los partidos políticos extremistas y en las Sectas.

Se piensa en ello, se lamenta uno, se ironiza, se critica… pero jamás nadie estima haber caído en esta trampa, siempre son los demás los que están equivocados y los que a veces (paranoia) nos atacan.

¿Por qué esta ceguera?

Porque existen métodos de condicionamiento y “lavados de cerebro” perfectamente a punto desde hace siglos para fanatizar a los discípulos.

En Karate y Kung Fu, la multitud de estilos ha hecho que algunos de ellos se hallan convertido en verdaderas sectas. Aislados los unos de los otros, estos Estilos-Sectas tienen sus propios campeonatos y se niegan prudentemente a enfrentarse con los otros estilos en competición. Lo que puede ser válido, pero es más a menudo una señal de mistificación.

Sus discípulos presentan frecuentemente el síndrome del discípulo fanático que ha perdido todas las capacidades de razonamiento objetivo.

En Aiki, sea Aikido o Aikijutsu se encuentran los mismos síndromes.

Estos síndromes se agravan al fallecer el Maestro fundador. Los sucesores designados por el Maestro fallecido no son nunca aceptados por los discípulos “avanzados” (o mayores) pretendiendo estar en posesión de la Verdad.

La trampa del síndrome de admiración desmesurada es una trampa poderosa y temible. Tanto para el discípulo como para el Maestro, sobre todo si este último no es perfecto.

Un verdadero Maestro está muy atento a este síndrome, pues acepta volverse el “Padre espiritual” del Discípulo y será inevitablemente, un día u otro, confrontado al complejo de Edipo (en donde el hijo tiene que “matar” al padre para volverse adulto) y bajado del pedestal donde el discípulo le había puesto.

El síndrome de admiración desmesurada es el origen de una gran número de desastres que la raza humana se inflige.

El ser humano más peligroso no es el ladrón, el violador o el asesino “ordinario”. El ser humano más peligroso es el fanático maravillado que, en nombre de una ideología exterminará (o explotará) una población entera y estará perfectamente convencido de los bien fundado de sus acciones. La capacidad de destrucción de estos fanáticos es ilimitada. Están totalmente cegados por sus convicciones. Se han vuelto incapaces de pensamiento objetivo y han abolido en ellos todo huella de consciencia.

Son los hombre “normales”, socialmente condicionados, los que son “anormales” en el plano de su naturaleza animal. La prueba es que si la excusa es socialmente válida (guerra por ejemplo) se comportan como los asociales, pillan, matan… y son condecorados, se vuelven héroes respetados, mientras que serían encarcelados en tiempo “normal”. Hay un lobo en cada uno de nosotros. La cuestión es saber si tendremos la fuerza de cohabitar con él o si nos dejaremos llevar a convertirnos de nuevo en un animal sin consciencia y con una visión solamente a corto plazo.

Todos los fanáticos caídos en la segunda trampa de la ilusión tienen dos puntos débiles, Son crédulos e influenciables.

Sea cual sea la Disciplina marcial que practiquéis, sea cual sea el estilo, apasionaros honestamente por esta Disciplina y por su Estilo, pero si queréis realmente progresar, tratad de conservar el máxime de capacidad de razonamiento objetivo posible.

 

3: El Síndrome del Falso Mesías

 

Esta tercera trampa de la ilusión se sitúa al otro extremo de la segunda trampa.

La categoría de los “Falsos Mesías” no comprende lo que podríamos llamar estafadores o charlatanes. Estos últimos crean, del todo deliberadamente, en su propio interés y “robando” algunas ideas que hubieran sido incapaces de tener ellos mismos, una falsa religión o una falsa interpretación de un Estilo marcial sacando de ellos unas ventajas considerables.

A menos de ser principiantes o completamente tarado, todos conocemos algunos de ellos. Solo se trata de comerciantes o de vendedores de sueños. Sus actividades se parecen más a una rama de la industria del espectáculo que a la enseñanza de una “Verdad”.

Los inocentes que se dejan atrapar por ellos merecen a menudo lo que les sucede.

Las víctimas de la tercer trampa, los que están convencidos de ser Maestros, son peligrosos porque son sinceros.

Creen en su propio mensaje y en sus capacidades de transmitir a sus discípulos ciertas verdades esenciales. Han vivido a menudo una experiencia de pseudo-Despertar o han reunido algunas ideas válidas, aquí y allí, que presentan en forma de un sistema porque estas ideas provocaron en ellos, en el pasado, toma de consciencia interesantes.

Todos los que caen en la tercera trampa tienen en común el haberse comprometido en la “Vía del Ego”. Estos “Falsos Mesías” atrapados quieren adeptos. Cuando más numerosos más felices son y más convencidos están de ser Maestros. Muchos de ellos confunden cantidad con calidad.

Todo el mundo sabe que OBLIGATORIAMENTE (es una ley de la Naturaleza) cantidad es sinónimo de calidad media, véase mediocre. Sin embargo algunos adeptos siempre son atraídos por estos Maestros exitosos y se sienten a disgusto si su Maestro tiene pocos adeptos.

Esto viene porque el Hombre “ordinario” es atraído por los “ganadores” (identificación) y un Maestro que tenga pocos Discípulos, porque es de calidad excepcional, es a piori considerado como un “perdedor”.

También sucede que el hombre “ordinario” no ha aprendido a distinguir a los verdaderos Maestros y a los verdaderos valores.

Los verdaderos Maestros tienen pocos Discípulos porque los limitan y no tratan nunca de atraerlos. Al contrario, se esfuerzan por desanimarlos sometiéndoles a duras pruebas. Les ponen en guardia contra las dificultades del “camino” a recorrer. Les dicen que mas vale quedarse confortablemente “dormidos” que despertarse a medias.

Es en eso en lo que se distingue un verdadero Maestro de un “Falso Mesías”.

Otra características de los “Falsos Mesías”, por el hecho de que no son desinteresados, es que desean guardar hasta siempre a sus Discípulos en un estado de dependencia.

El falso Maestro hace de sus alumnos esclavos complacientes, exige obediencia total, desalienta todo pensamiento o todo acción independiente. El 20° Kyokun (preceptos) de las Artes Marciales que dice “Siempre inventar” es regularmente mistificado por estos “Falsos Mesías” por… “conservar el espíritu abierto” o similar. Lo que es parecido pero evita que los alumnos cesen de admirarles o traten de encontrar su propia “verdad”. Pues cada uno debe encontrar su propia Verdad, ya que ningún hombre caminará de la misma manera aunque la finalidad sea la misma para todos.

Las otras características del falso Maestro, son su vanidad, su susceptibilidad, su autoritarismo, su gusto por las distinciones y los títulos rimbombantes, las vestimentas extravagantes. Siente una profunda irritación si no se le llama “Maestro” y si no se le demuestra el más grande respeto.

El verdadero Maestro actúa muy diferentemente y a menudo desconcierta a sus discípulos comportándose de una manera que parece incompatible con la condición de Maestro. Le es indiferente que se quiera ser su Discípulo o que se le deje, que se le admire o no, ya que ha llegado al estado donde está desinteresando y no puede ser ni adulado ni insultado.

Lo que precede no debe incitarnos a juzgar a nuestro Sensei, Sifú o Maestro. Es lo que es y lo que enseña técnicamente en Arte Marcial es más que suficiente para que progreséis.

De todas maneras esta tercer trampa no concierne a los “Maestros” y los “Falsos Mesías” SINCEROS… que no realizaban en que trampa habían caído.

Los Maestros charlatanes saben muy bien lo que hacen y por que lo hacen. No les interesa esta tercer trampa… salvo, a lo mejor, para recuperar y condicionar mejor a sus propios Discípulos. ¿Cómo poniéndoles en guardia contra los “Falsos Mesías”?.

 

4: El Síndrome de Grupo

 

El síndrome de Grupo aparece cuando un verdadero Maestro muere.

Como hemos podido ver, el fallecimiento de los fundadores de ciertos Budo, Judo (Jigoro Kano), Karate (Funakoshi y otros pioneros), Aikido (Ueshiba), los alumnos más antiguos o los mas cercanos al Maestro fallecido estimaron entonces que era su deber, como dicen, el continuar su obra.

Fue poco notorio en Judo, ya que el Maestro Kano lo había lanzado como un deporte, teniendo implicaciones mentales pero que eran secundarias.

Sin embargo, “Antiguos” del Judo, en Kyoto principalmente, estimaron que el Kodokan de Tokyo, bajo la presidencia de Risei Kano (hijo adoptivo de Jigoro Kano) ya no representaba el verdadero Judo. En una década acabaron por poner en segundo plano al Kodokan que era desde hacía casi un siglo la “Meca” del Judo mundial.

En Karate, cuando el Maestro Funakoshi falleció, el estallido fue casi inmediato. Se organizaron, en los meses que siguieron, los Campeonatos Shotokan del Japón. Campeonatos a los cuales se oponía el Maestro. No se tuvo nada en cuenta el hecho de que el sucesor designado era el Maestro Hironishi. Un Maestro absolutamente notable que estaba siempre cerca del fundador Shotokan, humilde, discreto y totalmente desinteresado.

Se cesó la Asociación de amigos del Maestro Funakoshi (“Shotokai”). Esta Asociación reunía a todos los antiguos alumnos y altos grados del Maestro Funakoshi. Las razones de esta disolución son contradictorias: “el Shotokai se convierte en una secta religiosa”, “los miembro del Shotokai querían que el Karate permaneciera como Bujutsu y no como “Do” (el nombre de Karate-Jutsu fue abandonado hacia los años 1935”, “el Shotokai negaba que el Karate se adaptara a la evolución deportiva”. Al retirarse todos los Maestros, el “Shotokai” designó a partir de entonces el “Estilo” del maestro Egami. El Maestro Egami, tras una larga enfermedad había creado un estilo fluido, excelente, opuesto al estilo cuadrado del maestro Gichin Funakoshi, de su hijo Gigo y de Hironishi.

En Aikido cuando el Maestro Ueshiba  falleció, su hijo le sucedió según la Tradición Marcial. Pero los conflictos internos fueron tan intensos que finalmente este hijo se retiró por razones de salud. El Aikikai es actualmente la Organización oficial del Aikido Ueshiba.

Estos pequeños ejemplos demuestran que cuando un Gran Maestro (O-Sensei) muere los problemas empiezan entre los discípulos. El Maestro tenía una autoridad indiscutible e incontestable. Era el centro de la rueda.

Tras la desaparición de su Maestro, los Discípulos tienen necesidad de legitimidad y forman entonces un Grupo, una Asociación, una Federación, etc… en la cual se constituyen en jerarquía.

El rango que ocupan no depende de su nivel de consciencia personal (ni siquiera de su nivel técnico real si se trata de un Arte Marcial), sino del tiempo de permanencia cerca de este maestro fallecido, y del lugar más o menos cercano que ocupaban cuando este estaba vivo.

Todo lo que el Maestro había enseñado se torna sagrado, incluso si se trataba manifiestamente de tonterías supinas para poner a prueba la credibilidad de los alumnos (los verdaderos Maestros despistan a menudo de esta manera, para evitar que el discípulo se identifique).

Todos los métodos que utilizaba el Maestro son transmitidos tal como los enseñaba. Mientras que el Maestro los empleaba en “momento oportuno”, según el estado de lucidez de cada alumno y que hubieran evolucionado, si hubiese vivido algunas décadas más.

Estas jerarquías tienen tendencia a fosilizarse con el tiempo y a fijarse en una estricta ortodoxia.

Estos “garantes de la ortodoxia” no tienen de ninguna manera en cuenta, que su Maestro tenía un “saber-hacer” muy personal, variando según la evolución de los individuos y que al imitar la manera de hacer a su Maestro en su aplicación calcada se corre el peligro de ser totalmente ineficaz.

Por los demás estos “garantes de la ortodoxia” que son por lo general sinceros, no comprende en absoluto que la antigüedad no es sinónimo de progreso, que permita “transmitir”. No es porque se haya consagrado 30 o 40 años a Trabajar con un Maestro, habiéndole conocido entonces o habiendo convivido con él, que se es necesariamente avanzado o “liberado”.

A %d blogueros les gusta esto: