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Entrenamiento en Japón

 

Como cinta azul, era aún torpe y bastante desproporcionado, todavía estaba tratando de adquirir una mejor postura. Era demasiado alto en caderas, y así perdía fuerza, o por el contrario demasiado bajo y rígido. Nuestro grado nos hacía buena presa para el duro juego de los cintas marrón. Ellos recibían sus cintas de sus superiores, o sea, los cintas negras de 1° y 2° Dan, y ellos a su vez nos servían a nosotros. Este fue un período de mucho magullamiento de espinillas y antebrazos, un tiempo de derrotas incontables y unos pocos triunfos, pero también una época para fortalecer la buena disposición.

Entrené duramente y pasé la prueba de 3° Kyu. Aún usaba la cinta azul, pues la empleaban los grados de 3° y 4° Kyu. Ahora tenía que aprender el poderoso Kata Naihanchi, las formas profundas y fuertes, en la “postura  a caballo”. Esa Kata desarrollaba fuerza en la parte interna de los muslos, las piernas y el abdomen, y gran velocidad en las técnicas de mano.

Al llegar al 3° Kyu, sabía que la cinta marrón estaba a mi alcance. Entrené empeñosamente para pelear, rete a mis superiores repetidas veces, olvide todo temor de ser vencido. El practicar los 5 Kata Pinan era fatigoso y a la vez estimulante, más era apenas un calentamiento para la laboriosa práctica del Naihanchi.

¡Qué magnífico sería, pensaba yo, poder luchar como mis compañeros!. Admiraba especialmente el estilo de mi Sempai Sasaki. Era alto y esbelto. Pateaba con gracia y velocidad, y con su grado de 2° Dan liquidaba fácilmente, incluso a los cintas negras de 2° Dan.

Fiel a su promesa, el señor Kanazawa me impartió instrucción personal. Iba al Dojo una hora mas temprano de lo normal, tres días a la semana. El saber que uno de los mas destacados profesores de Japón estaba haciendo esto por mí, me obligaba a trabajar con mayor empeño, llegando algunas veces hasta el punto de llorar cuando mi cuerpo no podía actuar como me lo había instruido y enseñando.

Una mañana fui al Dojo más temprano, pero lo hallé cerrado. Esto era extraño, porque Kanazawa Sensei me había dicho que fuera. Al escuchar el ruido del entrenamiento miré a  través de los vidrios de la puerta desvencijada, y observé que las oficinas se encontraban funcionando. Aguardé diez minutos, hasta que Kanazawa Sensei abrió la puerta y me franqueó la entrada. Estaba uniformado y sudando. Me pidió que guardara absoluto silencio al entrar a la sala de espera y allí aguarde sin moverme ni hacer nada. Como era una de las sesiones de entrenamiento para profesores y aprendices para instructores, los estudiantes tenían vedado el acceso.

Desde el vestidor sin luz, en la penumbra, podía ver el Dojo, donde se encontraba practicando Kata unos cuantos instructores. La sesión principal había concluido, más el señor Yaguchi, un profesor muy rudo y severo, estaba practicando con mi Sempai Sasaki. Sasaki se hallaba recibiendo adiestramiento especial para convertirse en profesor. Pensaba ir a las Filipinas a enseñar Karate.

Sasaki, comúnmente flexible y vigoroso, quien podía derrotar con facilidad a los cintas negras de 1° Dan y a la mayoría de los 2° Dan, ahora estaba tambaleándose como un ebrio en la pista del Dojo. Sus técnicas eran lentas y débiles. Intentaba patear, mas perdía el equilibrio. ¡Increíble!, pero Yaguchi Sensei estaba reprimiéndolo, atacándolo al mismo tiempo con técnicas aparentemente simples que chocaban contra su cuerpo, enfocadas en forma bastante superficial para no dañarlo, pero atormentadoras, al grado que dejaban marcas sobre su piel.

-¡Sasaki! ¿Qué es esto? ¡Qué clase de técnica es esa? ¡Pelea! ¡Halla tu espíritu!.

Barrió a mi Sempai al piso y proyecto una patada a su pecho.

-¡Levántate Sasaki! ¡Vamos!.

Sasaki se puso de pié pero fue rápidamente barrido y de nuevo al suelo. Se puso de pié, vacilante, y pareció recuperar energía como para atacar al profesor con una combinación de patadas, seguida por una lluvia de golpes. Sus ataques fueron parados y desviados con indiferencia.

-¡Pam! Cayó otra vez.

-¡Sasaki! ¡Tu equilibrio es horrible! ¡Levántate!.

Sasaki se puso de pié una vez mas, tambaleándose, y con la fuerza escasamente suficiente para sostener las manos un poco mas arriba de la cintura. Yaguchi hizo un saludo seco y se alejó de él, y el otro profesor, el señor Yajima se hizo cargo.

-¡Vamos Sasaki un poco más!.

El señor Nakayama observaba desde un extremo del Dojo, con cara inexpresiva. Muy a pesar de sí mismo, el llanto estaba escurriendo por las mejillas de mi Sempai, lágrimas de agotamiento y frustración. Su ánimo se recuperó otra vez y embistió en un ataque de patadas y punzadas, solo para ser bloqueado una y otra vez. Sabía que no era correcto ver a mi Sempai vencido de esa manera. Aunque no podía distinguirme en la penumbra del vestidor, hice una inclinación hacia él y salí a la oficina. Yaguchi salió y me miró cortantemente, como para preguntarme que diablos estaba haciendo en el Dojo. El señor Kanazawa intercedió y luego me habló de Sasaki:

-Estamos abatiéndolo para que podamos ayudarlo a rehacer su espíritu. Ha peleado duramente, sin reposo por más de una hora. Desde hace rato sintió la imposibilidad de seguir, pero todavía continúa, y seguirá por otros diez minutos. En pocos días se sentirá muy orgulloso de sí mismo, y sabrá que es su espíritu, y no su cuerpo, el que hace las reglas. Ha luchado muy bien.

El profesor recalcó esto, y mostró en sus ojos el deseo de que yo comprendiera y sintiera respeto por mi Sempai. Así lo hice. Al final de la sesión, había combatido contra una serie de hábiles peleadores, el doble de tiempo d un Campeón Mundial de Boxeo por el título y sin ningún reposo en absoluto.

Después de una lucha fría, Sasaki estaba vistiéndose. Uno de los profesores jóvenes le trajo té y lo puso ante él.

-Ah, Nic-san, estoy tan apenado de que me vieras así, indefenso como un niño.

Respondí que no sentía mas que admiración hacia él. Movió pesadamente la cabeza, y Kanazawa Sensei me ordenó que saliera a la pista del Dojo.

Los japoneses tienen un adagio: “¡Cuando un clavo sobresale, húndelo!”. Cuando un estudiante es bueno, y está superando a sus condiscípulos, su orgullo debe ser destruido, debe ser alejado sin misericordia para que su espíritu y su talento no lo conduzcan al engreimiento. El Karateka debe dar lo máximo de sí mismo, para que una vez, y otra, y otra, sienta el desamparo de un niño. La humildad es una característica esencial del auténtico guerrero. Sin humildad no tiene cabido en la sociedad; es un bruto peligroso y repugnante. En la derrota aprende que aún puede continuar, y esto le enseña “espíritu”, y a tener respeto hacia otros.

En dos meses de adiestramiento con el señor Kanazawa aprendí bastante bien los movimientos del Kata Naihanchi.

Un día mientras practicaba el Kata Naihanchi, noté que Tagaki Sensei, me estaba observando. Cuando terminé me llamó.

-Nicol, está mejorando, pero el final de su Kata no es bueno. Cuando han finalizado los movimientos de un Kata, uno debe tener “zanshin”. “Sabe lo que es eso?.

-Creo que sí Sensei …significa “final perfecto”.

-Sí, eso quiere decir, pero ¿qué es precisamente una conclusión perfecta?. “Zanshin” está formado por dos caracteres. El primero “zan”, significa permanecer, continuar. El segundo “shin”, quiere decir corazón o mente. Ciando han terminado los movimientos de un Kata, no significa que el Kata haya finalizado, no relaje su atención y espíritu. Debe llegar a la posición última, conservar los ojos al frente, su cuerpo y su espíritu preparados para cualquier cosa.

Debe estar consciente de todo lo que hay entorno suyo. Kata no es una simple práctica de movimientos, ni tampoco es un modo de retraimiento en sí mismo. Deberá tener una mente como el agua quieta, reflejando todas las cosas. Concluya su Kata con Zanshin, de otra manera no tiene importancia que tan brillantemente haya sido ejecutado.

A partir de entonces observé con mayor atención a los profesores y cintas negras de alto grado cuando finalizaban su Kata. Su ejecución de Kata fluía, y el flujo de Kata no terminaba con la cesación del movimiento físico. ¡Qué difícil es captar ese sentimiento y poder explicarlo!

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