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Zanshin

Conforme el solitario Samurai caminaba lentamente hacia delante, sus enemigos lo rodearon. Uno de ellos sostenía en las manos un bastón, dos llevaban lanzas, y los otros cinco iban armados con espadas. Tres de los espadachines habían desenfundado sus armas y los otros dos, con la mano en la empuñadura, se mostraban listos para desenvainar.

Sin embargo, el Samurai, con las manos metidas en el kimono, siguió avanzando tranquilamente a largos pasos, con una aparente indiferencia. Su descuidada actitud pareció confundir a aquella cuadrilla, que quedaron perplejos, aunque convencidos de su superioridad.

De pronto, y sin ningún movimiento preparatorio, el Samurai desenvainó rápidamente su espada. Pero no lo hizo con la mano derecha, como era usual. Fue la mano izquierda la que sacó el arma de la vaina, por el costado izquierdo. Con la velocidad del rayo y sin mirar, el guerrero empujó su acero directamente hacia atrás hundiéndolo en el adversario que llevaba el bastón, y que se hallaba a su espalda.

En ese momento, dos de los agresores, uno de ellos blandiendo la espada sobre la cabeza y el otro armado con una lanza, se abalanzaron sobre el Samurai por el lado derecho, pero este, asiendo la espada con la mano derecha, abatió a ambos con un amplio corte de barrido. Aprovechando el movimiento de retorno del arma, segó la vida del cuarto atacante, que no reaccionó con la suficiente rapidez como para llegar a desenvainar su propia espada.

Sin detenerse un solo instante, el Samurai empuñó la espada con ambas manos y la movió súbitamente hacia la izquierda, para acabar con otros dos enemigos que avanzaban hacia él. Con un rápido movimiento, giro sobre sí mismo y manejando la espada con una sola mano despachó al que hubiera sido el séptimo atacante. Su último enemigo cayó ante el tajo diagonal que le asentó el Samurai sosteniendo de nuevo el arma con un agarre doble.

Después, rodeado por los cadáveres de aquellos que unos momentos antes habían querido arrebatarle la vida, el Samurai envainó su espada. Aquella secuencia de destrucción había durado en total menos de cinco segundos.

Esta escena fue representada en “Sanjuro”, un clásico del cine japonés de 1962. Fue dirigida por Akira Kurosawa y protagonizada por Toshiro Mifune. Esta nos da una descripción muy acertada y real del concepto de Zanshin.

La fijación de la Consciencia

El término Zanshin hace referencia a un estado psicológico de fijación o enfoque de la consciencia. Sin embargo, y paradójicamente, en el estado de Zanshin, uno es consciente de todo lo que le rodea, pero sin que el mundo externo lo distraiga o absorba su atención. Distraerse quiere decir que uno ha perdido la verdadera consciencia. Por ejemplo, es como cuando alguien va conduciendo por la autopista a gran velocidad, atento a la carretera y con la radio puesta. De repente, oye alguna noticia que le interesa y presta atención a lo que está escuchando. Inconscientemente, su atención se va a la radio. Incluso puede dirigir la vista al aparato. Aunque nada mas sea por un instante, el conductor se distrae y pierde la consciencia de la carretera.

Cuando tengo que conducir con mal tiempo, como lluvia fuerte o niebla, apago la radio. Tampoco hablo con las personas que viajan conmigo. Quiero que toda mi consciencia, mi estado Zanshin, esté concentrado en la conducción. Pero si condujera con mal tiempo y me preocupara exclusivamente de las condiciones de la carretera, probablemente tendría algún accidente. ¿Por qué?. Porque también habría perdido el Zanshin. Me habría dejado absorber totalmente por la carretera.

En el estado de Zanshin se es consciente, pero nunca se está distraído ni absorbido por nada. Es una de las paradojas, también es paradójico que en Zanshin, uno mantiene la calma, pero no está tan relajado como para caer en un estado de letargo o laxitud. La mente y el cuerpo están calmados, pero preparados para reaccionar de una forma explosiva y decisiva.

En “Sanjuro”, la tranquilidad del Samurai confundió a sus enemigos. Tal vez su indiferencia los tomó fuera de guardia, haciéndolos confiarse en una falsa seguridad. Al mantenerse en calma, pudo moverse más rápidamente y fácilmente que si hubiera estado tenso o agitado. La tensión hace que el cuerpo reaccione de una forma más lenta y, además, entorpece el pensamiento. Si nos mantenemos relajados, que no quiere decir flojos o exánimes, podemos disponer de una gran cantidad de energía dinámica. En la secuencia de “Sanjuro”, cuando el Samurai reacciona repentinamente, lo hace con una inesperada explosividad y determinación. Esta determinación es parte del Zanshin. Una vez que inicia el ataque, el Samurai no para hasta que acabe con todos sus adversarios o caiga el mismo abatido.

Cuando el Samurai estalla, pasa directamente a la ofensiva. No tiene necesidad de bloquear o desviar las espadas y lanzas de sus adversarios, y dirige todo su esfuerzo a derrotar completamente a sus enemigos. Cuando estas sobrepasado en número no puedes permitirte el lujo de esperar a que tus adversarios se acerquen a ti.

Al ser tú el que inicia el ataque, llevas la ventaja. Ahora tus adversarios deben pensar en defenderse, y con ello le distraes de su plan de ataque. Psicológicamente se ha producido un cambio. Ya no son los depredadores sino las víctimas. La verdadera batalla comienza y acaba en la mente.

El estado Zanshin nos permite responder a la totalidad del momento. Aquí no tiene cabida ningún plan preconcebido. Al reaccionar espontáneamente, el Samurai hizo lo inesperado. La cuadrilla que le rodeaba no esperaba que él se mantuviera calmado. Tampoco esperaba que los atacase. Y cuando los atacó lo hizo de forma muy poca ortodoxa. Desenvainó la espada con la izquierda, en lugar de la derecha. El Zanshin del Samurai era tan fuerte que, aunque no podía verlo, sabía exactamente en que lugar estaba el asaltante que tenía a la espalda. No tuvo necesidad de volver la cabeza para saber donde dirigir la espada y acabar con él. De hecho, el Samurai no miraba directamente a ninguno de los agresores. En el verdadero Zanshin, se “ve” todo lo que hay alrededor sin necesidad de “mirar” a ninguna parte en concreto. Fijar su atención en alguno de sus atacantes lo hubiera distraído de verlos a todos. Sus ojos nunca dejaban de captar todo lo que estaba sucediendo en torno a él.

Las Kata utilizadas en Iaido son mas bien cortas, si las comparamos con otras Artes Marciales. En las Kata de Iaido, el practicante debe imaginar a no o más adversarios. Que intentan atacarle, y esforzarse por crear en su mente la actitud de Zanshin. En algunas Kata, se efectúa un ataque y a continuación se asume una postura Zanshin, haciendo una pausa por si fuera necesario efectuar otro ataque complementario o una defensa. Un momento después se vuelve a desenfundar la espada.

Al alumno se le enseña a no mirar hacia abajo para encontrar la boca de la vaina al enfundar. Tampoco se tantea con las manos cuando se ajusta la espada en la entrada y se introduce en la funda. La razón de todo esto es que el practicante no debe estar nunca distraído. No puede ocupar su mente es cosas tan triviales como guardar su espada. La mente debe permanecer siempre abierta y consciente de todo lo que lo rodea, manteniendo un fuerte Zanshin.

Un aspecto final del Zanshin se encuentra en la ausencia de emociones visibles. En “Sanjuro”, la cara del Samurai no reflejaba nada de lo que pueda estar sintiendo. No muestra ni miedo ni ira. En Zanshin no podemos permitirnos estar distraídos o absortos en nuestros pensamientos o emociones. La fijación o enfoque de la consciencia y la acción automática solo pueden darse si la mente está libre de cualquier confusión. Los pensamientos de victoria o de fracaso no son mas que distracciones del Zanshin. La ira, el miedo, el rencor y la esperanza también obstaculizan el estado de Zanshin.

De Zan, estar, permanecer y Shin, espíritu, zanshin es el “espíritu que permanece, que vigila“. 

Finalizada la acción, se vigila lo que luego pueda suceder.

En su origen, la palabra japonesa zanshin se utilizaba en el Kendo significando “prestar atención al oponente“.

En todas las acciones, hay una manera zanshin de llevarlas a cabo. Concluida una tarea, el espíritu no se relaja ni se dispersa sino que permanece unos instantes concentrado y vigilando. Estudiando si no se ha producido ningún fallo en la misma.

Hay zanshin, cuando en la noche mantenemos unos instantes de vigilancia hacia los actos realizados durante el día, observando detalles, cuidando resultados.

Hay zanshin, cuando se finalizó un combate y aún cuando el enemigo quedó vencido, el espíritu permanece alerta, vigilando.

Hay una forma zanshin, de trabajar, de estudiar, de combatir. Zanshin se aplica a cada acto de la vida diaria. Si bien es difícil concentrarse en lo que uno hace, también los es mantenerse concentrado luego de finalizada la acción, esto es zanshin.

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